Horas antes de una llamada con la vicepresidenta Kamala Harris el mes pasado, el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, arremetió inesperadamente contra Estados Unidos por enviar dinero a organizaciones sin fines de lucro opositoras a su Gobierno.

“Es injerencia, es intervencionismo y es promover el golpismo”, dijo a periodistas.

En lugar de dirigirse a Washington, el revelador ejemplo de la retórica de “nosotros contra ellos” del presidente probablemente estaba dirigido a una audiencia nacional.

Las elecciones de medio término del 6 de junio representan el mayor desafío hasta ahora para la autoproclamada “cuarta transformación” de la sociedad mexicana de López Obrador. La idea de que actores extranjeros se están entrometiendo en la política mexicana es una de las muchas que el mandatario mexicano esgrime como prueba de los intentos de sabotear su programa.

Ciertamente, hay mucho en juego: las elecciones del domingo serán las mayores de la historia de México en cuanto a número de candidatos. Está en juego toda la Cámara de Diputados, 15 gobernaciones estatales y cientos de ayuntamientos y legislaturas locales.

El partido Morena de López Obrador y sus aliados aspiran a mantener la supermayoría en la Cámara Baja, de 500 escaños, un resultado que sentaría las bases para reformas nacionalistas radicales en la segunda mitad de su mandato de seis años, sobre todo en el sector energético.

Cualquier caída significativa en el apoyo indicaría que el presidente que ganó de forma aplastante en 2018 ha perdido su brillo, y que la incertidumbre política provocada por la pandemia, que afecta a países desde Chile hasta Colombia y Perú, ahora podría estar llegando a México.

Si conserva su mayoría de dos tercios, “podríamos ver un avance importante en la agenda del Gobierno”, dijo Cintia Smith, cientista política de la Universidad Tec de Monterrey. Sin embargo, considera más probable una mayoría más pequeña, que requiera de acuerdos para aprobar las leyes. En ese caso, dijo, “no se va a hacer mucho”.

Los mercados no se han visto afectados por las elecciones, ya que los operadores están enfocados en factores internacionales. Los bonos mexicanos de referencia en dólares han subido 1% en el último mes, mientras que el peso se ha fortalecido alrededor de 4% en los últimos tres meses, uno de los mejores desempeños entre las principales divisas.

Los encuestadores siguen pronosticando un nivel de participación récord.

López Obrador, de 67 años, un populista de raíces izquierdistas que desafía la clasificación fácil, es una figura polarizadora. Sus frecuentes arremetidas contra los medios de comunicación y las “élites” refuerzan el apoyo de su base en el sur más pobre del país. Sin embargo, corren el riesgo de alejar a los estratos de votantes más educados que, hartos de la corrupción entre los partidos tradicionales, lo apoyaron hace tres años.

El presidente ha jugado un papel dominante en la política mexicana desde que llegó al poder. Aficionado a la austeridad fiscal, aprobó una reforma de pensiones que favorece a los trabajadores, al tiempo que ha reservado dinero para invertir en nuevos programas sociales, en la estatal Petróleos Mexicanos y en un puñado de grandes proyectos de infraestructura. Pero las reformas constitucionales inherentes a su transformación siguen siendo un trabajo en curso.

López Obrador no está legalmente autorizado a hacer campaña para esta elección, y ha sido reprendido por las autoridades electorales por hacer todo lo posible para impulsar a su partido. En sus largas conferencias de prensa diarias, durante una de las cuales lanzó su sorpresivo ataque contra EE.UU., el presidente ha acusado a los candidatos de la oposición de hacer campañas electorales ilegales, ha criticado al instituto electoral y ha mostrado con entusiasmo imágenes cada vez que unos pocos miles de vacunas aterrizan en México.

Sin embargo, a nivel local, no está claro si la estrategia está funcionando.

La elección ha sido una de las más violentas en la historia de México, con decenas de candidatos asesinados, secuestrados o atacados. El fracaso de López Obrador a la hora de reducir el derramamiento de sangre a través de su estrategia “abrazos, no balas” es uno de los varios factores que pueden haber perjudicado las posibilidades de Morena, dijo Lorena Becerra, jefa de estudios de opinión pública del periódico Reforma.

“Temas como inseguridad y economía que son muy importantes en la mente de los votantes, él no esta bien evaluado”, agregó Becerra. Su Gobierno también se vio perjudicado en su principal bastión, Ciudad de México, por un mortal accidente en una nueva línea del metro supervisada por dos de sus principales aliados.

A pesar de todos sus detractores, López Obrador mantiene un fuerte apoyo personal, pese a que México ha registrado uno de los mayores números de muertes por covid en el mundo durante la pandemia. La economía, que ya estaba en recesión en 2019, se desplomó un 8,2% el año pasado, su peor desempeño desde la Gran Depresión, antes de mostrar signos de rápida recuperación este año.

La mayoría de los mexicanos no lo responsabilizan por las cicatrices del covid, ya que consideran que “hay muy poco que podamos hacer, somos un país pobre”, dijo Carlos Bravo, analista y profesor del CIDE en Ciudad de México .

Si bien algunos inversionistas ven con buenos ojos la perspectiva de una Cámara Baja más dividida que podría controlar su poder, ese escenario depende en gran medida de la voluntad del presidente para negociar, dice el economista jefe de Goldman Sachs Group Inc. para América Latina, Alberto Ramos.

El riesgo es que un presidente herido se vuelva “más conflictivo y recurra a mecanismos populistas de democracia directa” en un intento por eludir al Congreso, escribió Ramos en una nota reciente. El resultado, dijo, podría ser “un aumento del ruido político y la polarización, y una mayor incertidumbre política y regulatoria”.

Bloomberg

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